No responde nada Crítico
El servidor no contesta. A un cliente que entre ahora le pasa exactamente lo mismo que me pasó a mí.
Es más común de lo que parece: de catorce negocios que medí en una muestra real, cuatro no respondían en absoluto. El dueño casi nunca se entera, porque su navegador tiene guardada la versión de cuando sí funcionaba.
Son los mismos estados que le muestra el analizador, con el dato con el que se comprueban.
El servidor no contesta. A un cliente que entre ahora le pasa exactamente lo mismo que me pasó a mí.
La página existe pero algo se rompió detrás. Quien entra ve una pantalla de error, no su negocio. HTTP 500
El navegador no muestra su sitio: muestra una advertencia roja de sitio no seguro. Es la peor de todas, porque no parece un fallo técnico — parece que usted es el peligro.
Una protección mal calibrada que le cierra la puerta a los buscadores y a los asistentes de IA. Usted lo ve bien porque usted sí es una persona con navegador. HTTP 403
Sin entrar a nada suyo. Le digo si es el servidor, el certificado, el nombre del dominio o una regla de protección, y le muestro la respuesta cruda con la que lo comprobé.
Un certificado vencido se arregla hoy. Un sitio que lleva años sin mantenimiento a veces conviene rehacerlo, y eso se lo digo aunque sea la respuesta larga.
No «ya quedó»: le mando la misma medición de antes, ahora en verde, para que lo verifique usted.
Casi nunca lo sabe, y esa es la trampa. Su navegador guarda una copia de cuando funcionaba, y su teléfono está en la misma red de siempre. Por eso la revisión se hace desde fuera, desde una red que no conoce su sitio.
Para el diagnóstico no. Para la reparación depende de qué sea: un certificado o un registro de DNS se arregla en el panel del dominio; un error del servidor exige entrar. Si prefiere no dar accesos, le guío para que lo haga usted.
Se lo digo. Reparar algo que se va a volver a romper en dos meses no le sirve a usted ni me sirve a mí; prefiero perder ese trabajo que cobrarlo dos veces.